Tengo la sana costumbre de desayunar en la cafetería de la Diputación, que regenta Mabel, una agradable y simpática mujer que siempre me atiende con una sonrisa.
La cafetería, impoluta, tiene un aire agradable y a ello contribuyen, sin duda alguna, los pequeños detalles que adornan el lugar, que "van a apareciendo" a lo largo de los días. Hoy puede ser un tarro de olivas, mañana una calabaza, otro día una cesta de granadas, de limones o pomelos, unas hojas de parra...
