Mi vida se cruza con la de Águeda en los pasillos de la
Diputación. A veces, tras el normal saludo, nos detenemos y hablamos brevemente
del trabajo, de proyectos que nos rondan en la cabeza y de algún que otro sueño
por hacer… Yo me fijo en sus ojos despiertos y en su hablar rápido e
ilusionado, contándome qué va hacer, la subvención conseguida, o el curso de fin de semana en el que se
va a enfrascar o la charla que tiene que impartir.