Colaboradora: Desde la Línea
Esta es una reflexión personal sobre el cierre de la Residencia de la Línea y cómo nos hemos comportado, quienes trabajamos / trabajábamos en ella.
Sólo decir que estoy un tanto decepcionada porque, realmente, no hemos hecho nada para que la residencia siguiera abierta y no se privatizara la atención a los abuelos.
El primer día, cuando la visita de la Diputada, nos revolvimos. En nuestro descontento y protesta poníamos a los abuelos y abuelas como el centro. Lo hacíamos por ellos. No había derecho a hacer lo que se estaba haciendo porque ellos no se lo merecían.
Pero en cuanto los sindicatos negociaron el cierre y los que trabajamos aquí no vimos peligrar nuestros puestos de trabajo, se acabaron las protestas y el apoyo a quienes continuaban insistiendo en el NO al cierre de la residencia. Surgió el silencio.
El traslado a una residencia privada no mereció ni concentraciones, ni ninguna otra protesta en las redes sociales. Teníamos el puesto asegurado y se acabó lo que se daba.
Una decepción.
Sólo decir que estoy un tanto decepcionada porque, realmente, no hemos hecho nada para que la residencia siguiera abierta y no se privatizara la atención a los abuelos.
El primer día, cuando la visita de la Diputada, nos revolvimos. En nuestro descontento y protesta poníamos a los abuelos y abuelas como el centro. Lo hacíamos por ellos. No había derecho a hacer lo que se estaba haciendo porque ellos no se lo merecían.
Pero en cuanto los sindicatos negociaron el cierre y los que trabajamos aquí no vimos peligrar nuestros puestos de trabajo, se acabaron las protestas y el apoyo a quienes continuaban insistiendo en el NO al cierre de la residencia. Surgió el silencio.
El traslado a una residencia privada no mereció ni concentraciones, ni ninguna otra protesta en las redes sociales. Teníamos el puesto asegurado y se acabó lo que se daba.
Una decepción.













