28/3/15

El poder de las redes sociales

Quienes utilizamos las redes sociales para expresar nuestra opinión o pareceres y hacernos eco de noticias que consideramos relevantes, no solemos ser conscientes del impacto que puede tener determinadas entradas.
Digo esto porque hace ya días, me llamó J.M. Ahumada pidiéndome que, por favor, me hiciera eco de la necesidad de un niño de Chiclana que debía someterse a una operación de corazón en Bostón y de la huelga de hambre que había iniciado un bombero, amigo de la familia, para llamar la atención sobre este asunto y conseguir recaudar el dinero que necesitaban para la operación. (Ver aquí)
Le dije que el alcance de Diputaneando era muy limitado. Ahumada insistió en la publicación y así lo hice.
Lancé la información en Diputaneando (en el blog y en Facebook) en cuanto la recibí, creyendo -como ya he comentado- que no iba a tener mucha relevancia y que la ayuda en la difusión iba a ser más bien escasa, a pesar de su importancia.
Mi asombró fue mayúsculo al comprobar que, desde el primer momento que escribí la noticia, está se difundía cientos de veces como nunca antes había visto con ninguna publicación mía. En dos días la información llegó a más de 17.000 personas. 

Sólo espero que todas aquella buena gente que se haya sentido conmovida por la historia de este niño y este gran bombero haya podido solidarizarse con la familia aportando una pequeña cantidad de dinero.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Le pediría a este señor del blog, que nunca lo deje de editar para así denunciar a tantísimas irregularidades que existe en Diputación sea el partido que sea, y denunciar a estas personas que mancha el buen nombre del sindicalismo para su conveniencia

J. M. Ahumada dijo...

La primera vez que te tengo que corregir: se dice el pecado, no el pecador. El protagonista es el niño, yo solo fui el mensajero.
Un fuerte abrazo y una vez más gracias por todo.

Anónimo dijo...

Y aconteció que diciendo estas cosas, una mujer de entre la multitud, levantando la voz, le dijo: Bienaventurado el vientre que te trajo, y los pechos que mamaste.